
- Estoy bajoneado, maestro.
Era un bar temático. Había un viejo pelado jugando al truco por porotos blancos con un mozo de delantal. Después jugaba con otro mozo, y después con otro más. Un boliche largo y angosto, y ahí yo me tomaba un Toro Viejo con soda. Cosa curiosa: Carlitos (porque se llama Parrilla Los Amigos de Carlitos) tenía un capuchón de estaño del pico de vino en el dedo índice. No pregunté, no quise preguntar. La discreción es un bien bien valioso.
- ¿Qué le pasa, amigo?
No había una sola mina. Estaba muy acotado el espacio, coexistían pocas mesas en un pasillo estrecho. Estaba lleno, no había quien no fuera un habitué y cuando le pregunté a el salteño si frecuentaba el lugar me dijo “si no estoy esta noche vengo dentro de un rato”.
- Dramas de concha.
A mi mesa estaban sentados el salteño, Hugo Catelli y Un Desconocido. Éste último llegó promediada la conversa y se sentó sin avisar con un vaso de vino. Yo estaba preocupado, me llevé la mano a la cabeza y escuché el tic tac del reloj pulsera. Una y diez pasadas. A pesar de la ley, todos fumaban.
- ¿De concha? Esos pelos agitan las montañas.
Tic tac tic tac tic tac tic. No corría el aire. No había mujeres, el vino con soda no daba ni dio ni da. Me había pasado una cosa fea y estaba caminando en puntas de pie en mi propia casa.
- Estoy caminando en las puntas de los pies para entrar y salir de la casa.
Era una mesa de dos para tres personas en un rincón pegado a la entrada. Teniamos un taburete, un gato encima y la puerta. El lugar estaba lleno, pletórico de ebullición. Un homosexual se detuvo a saludar al salteño. Un puto viejo toquetón, y el salteño se puso nervioso. Es un tema delicado el de la homosexualidad; el viejo se fue, aventado por los gestos esquivos.
- No magnifique compañero.
No magnifico y pedimos otra vuelta del vino agriado. El mozo tiene un bigote fino y una lamida de vaca en la cabeza. Tiene un lápiz cruzado en una oreja, un trapo al brazo y una bandeja. La bandeja tiene manies, el trapo olor a sucio. El mozo huele a sí. Hiede.
- No hay magnificación, señor. Es la realidad, y la realidad es una sola, como diria el general. Ahora, yo te digo, no es simple, no hay movida simple, esto no es tan sencillo, mi tema... es una cantidad de responsabilidad compartida, y hay un punto en el que yo no coincido.
No era cuidada pero era luminosa. Sin ser cegadora la luz era blanca, pero con sus matices permitía amar la ambigüedad tiernamente luminosa. Habia humo, también. Y olor a tiempo.
- Habria que ser varón. Y bancarsela cabrón.
Un dejo de culpa tocaba mi alma, un viento de falta rozaba mis huevos, la dicha solapada crispaba mi ego bendito de ternura. Todo esto por una mujer sórdidamente bella. Un hallazgo de concha.
- Es tan difícil.
¿El bar cerraba? Tenía que cerrar. Pero podía abrir al día siguiente.

2 comentarios:
Como decia el general!!! muy b u y bueno el cuentín y la foto !! son grosos loquitos!! solo leí dos o tres conchas!!!!
INCREIBLE este muchachos, este me encanto.los quiero mucho.
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